Una joya natural:
Martinica es un fabuloso regalo de la naturaleza. A lo largo de todo el año, los paisajes terrestres y la vegetación increíblemente generosa de la isla ofrecen un verdadero espectáculo, para deleite de la vista, pero también de los demás sentidos: es siempre un placer disfrutar de los aromas de las flores, de los ruidos del bosque, del chapoteo de las olas, del fragor de las cataratas…
El norte de la isla en estado salvaje:
El norte, con un aspecto salvaje y abrupto, presenta unos paisajes de montañas y de selvas así como una naturaleza exuberante, embriagadora .
Todos los atractivos del norte de la isla se reflejan en su vulcanismo joven marcado por la Montagne Pelée (Montaña Pelada), tristemente célebre desde el 8 de mayo de 1902, día de la erupción que provocó la desaparición de la ciudad de Saint Pierre y sus 30.000 habitantes.
Los bosques y selvas de Martinica son una verdadera joya vegetal: albergan cataratas (el salto del Gendarme, Fond Saint Denis, el cañón en los pitones de Le Carbet, en los contrafuertes y la propia Montagne Pelée). Culminando a 1.397 m², la Montagne Pelée está recorrida por decenas de ríos que descienden por sus pendientes donde se ocultan cangrejos y otros productos de la gastronomía.
Senderismo:
Del simple paseo a pie al senderismo más deportivo (el desnivel va de 150 a 1.400 metros), la marcha es el mejor medio de descubrir la belleza natural de Martinica, los lugares protegidos y los grandiosos paisajes. Sin olvidar que esta actividad permite vivir sensaciones fuertes y emociones intensas, cuando se recorre una selva exuberante o se alcanza por fin la cumbre de un risco… Y, a lo largo del recorrido, desfilan los paisajes más variados: playas, bosques, los filodendros de la Montagne Pelée (Montaña Pelada)… Especialmente adaptado al senderismo, el norte de la isla se caracteriza por una vegetación muy generosa y un entorno sumamente exótico, que se puede apreciar en toda su medida en los recorridos señalizados: se puede elegir entre la ascensión a la Montagne Pelée, remontar las Gargantas del Falaise, la excursión de la Trace des Jésuites (Huella de los Jesuitas), el recorrido forestal Grand Rivière-Prêcheur…
Agroturismo:
Alojarse en los albergues de Basse Pointe o de Morne Rouge y salir temprano por la mañana al asalto de la Montagne Pelée (Montaña Pelada) es una aventura llena de emociones y sensaciones…
A medida que se asciende la Montagne Pelée, Martinica se revela a los ojos del visitante. Al llegar a la cumbre, se domina el mar Caribe y el océano Atlántico, donde surge la isla de Dominica que se percibe en la lontananza.
Desde hace algunos años, Martinica desarrolla el agroturismo (Domaine de la Vallée, Accueil Paysans, granjas posada) gracias al cual se pueden descubrir prácticas tradicionales (jardines criollos, tradiciones culturales ancestrales, cocina con productos de la tierra...).
Además, en Martinica también abundan las rutas de senderismo como el recorrido de Grand Rivière-Prêcheur, en pleno corazón del bosque primario. Existe una guía con los mejores recorridos editada por el Parque Natural Regional.
Por otro lado, el Turismo Ecológico es objeto de varias manifestaciones: el Gran Raid (carrera de dos días en la selva), el Desafío de las Empresas y los recorridos de senderismo con motivo del certamen Convergence (la Bucle del Volcán).
Los parques, jardines y plantaciones:
Venir a Martinica supone también descubrir sus parques, jardines y plantaciones.
Una multitud de lugares abiertos al público dan una idea precisa de la riqueza y diversidad de la flora y fauna locales:
jardín botánico de Balata, Sendero Botánico y floral Les Ombrages, Jardín de la Pelée, Plantación Macintosh, Habitation Céron.
Aquí, la naturaleza ha sido dominada pero también sublimada gracias a la atención constante de personas que siente verdadera pasión por ella.
Y un paseo por estos lugares donde se mezclan olores exquisitos es siempre una maravilla. En ellos se encuentran la quietud y la serenidad de los pequeños paraísos naturales.
Además, Martinica “vista desde el cielo” permite descubrir los diferentes paisajes, la geomorfología de la isla y las llanuras ligeramente inclinadas, con grandes cultivos de plátanos y piñas.
Las flores:
A Martinica le sienta bien su apodo de “isla de las flores” (“Madinina” para los indios caribe): de las heliconias a los anturios, pasando por el jengibre rojo, las buganvillas, las alpinias, los picos de loro o las rosas de porcelana, una multitud de variedades de flores, de cultivo o silvestres, crecen en Martinica y dan a la isla una elegancia y un esplendor incontestable, que no hay que dejar de admirar todo el tiempo que se merece. Muchos son los turistas que se llevan un ramo de flores al final de sus vacaciones. Perfectamente embalado para el viaje, se puede conservar entre 15 y 20 días.

Las actividades en plena naturaleza:
La exploración del interior de la isla o de la costa puede realizarse bajo un ángulo deportivo. Aparte del senderismo, los turistas pueden partir a descubrir caminos a bordo de un 4 x 4 o de un quad, a caballo o en bicicleta de montaña.
La vegetación de Martinica no sería tan exuberante sin la presencia del agua, fuente de vida, pero también terreno de actividades lúdicas y deportivas, como el paseo en canoa-kayak en el manglar o el canyoning en aguas vivas.
Por último, unas excursiones aéreas, en hidroavión, ultraligero o helicóptero permiten sobrevolar los paisajes grandiosos de la isla y apreciar toda su belleza y diversidad.
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